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domingo, 20 de marzo de 2011

COMENZAMOS A AHORRAR

          Nuestra relación como Cliente con un  banco o una caja de ahorros empieza normalmente con la apertura de una cuenta corriente o de una libreta de ahorros. Estos productos son muy sencillos de entender, pero no viene mal recordar algunas cosas muy elementales.
1.- No producen intereses.
2.- Generan alguna que otra comisión y hay que conocer por qué y debemos informarnos de esta circunstancia desde el primer momento.
3.- Admiten domiciliaciones de recibos (luz, teléfono, etc.) y de abonos (nóminas, transferencias, etc.).
4.- Es muy habitual poder operar con ellas a través de las webs que los bancos y cajas tienen habilitadas para ello, mediante las oportunas claves.
5.- Pueden tener uno o varios titulares. En el caso de varios, la disposición del saldo de la cuenta podrá ser de forma indistinta (cada titular dispone sin necesidad de autorización expresa de los otros) o de forma conjunta, de acuerdo como lo hayan establecido los cotitulares de la cuenta.
6.- Lo normal es que el saldo de estas cuentas sea acreedor (a favor del cliente), pero excepcionalmente y si lo cree oportuno el banco, ese saldo podrá ser deudor (saldo negativo, a favor del banco). Ojo a los saldos negativos, aunque nos los permitan como “un favor”, porque generan intereses negativos y suculentas comisiones para el banco.
7.- Son un fiel reflejo de nuestra economía. Un buen balance de ingresos y gastos. Nos resultan útiles, si somos un poco prudentes, para planificar nuestra vida económica, en función de nuestras posibilidades financieras.
            En la actual situación de competencia bancaria, proliferan una gran variedad de cuentas corrientes con los más diversos “apellidos”. Las “cuentas nómina” son las más habituales. Nos ofrecen una serie de ventajas si domiciliamos la nómina o pensión como requisito imprescindible. Desde la  exención de comisiones por mantenimiento de cuenta, por apuntes …; la devolución de un x % del importe de algunos recibos domiciliados; la exención de comisiones en tarjetas, etc... Recomiendo informarse bien. Es bastante habitual, que si no se cumple la condición “23 bis”, todo el resto de ventajas adicionales desaparezcan. En una palabra y como siempre recuerdo, antes de comprar cualquier producto financiero, estar seguro de conocerlo bien.
            Si tenemos la suerte de tener unos ingresos regulares más altos que nuestros gastos habituales, tendremos la posibilidad de ahorrar el excedente que se nos produzca mes a mes. Yo soy de los que defienden que el ahorro que podamos realizar debe ser un ahorro finalista. Las finalidades son muchísimas y cada cual establecerá las suyas. Ejemplos: para por si acaso hay gastos imprevistos, para cambiar de coche, para viajar, para poder pagar una carrera a los hijos, etc... La cuestión que ahora se nos plantea es la de cómo colocar esos excedentes de dinero que tenemos.
            El abanico de posibilidades que se abre ante nosotros es muy amplio y aquí sí que tenemos que estudiar bien dónde colocamos nuestros ahorros. En este punto quiero recordar lo que adelanté en la presentación de este blog: “no soy depositario de ninguna receta mágica”. Cada uno de nosotros debemos definir claramente nuestros parámetros. Por ejemplo:
1.- Cuándo voy a necesitar esos ahorros.
2.- Soy arriesgado o conservador.
3.- Qué conocimientos financieros tengo.
4.- Qué productos conozco y cuales ignoro.
            Me voy a permitir hacer alguna observación que quizás pueda evitar algún disgusto posterior.
1.- Ojo a las recomendaciones de esos amigos “enteraos” que te van a decir “lo que tienes que hacer es …”. Conozco a demasiada gente que se ha metido en berenjenales de difícil salida por recomendaciones de ese tipo. Desde Sofico en los años 60/70, a los más recientes y conocidos de Afinsa y Fórum Filatélico, sin olvidar a Rumasa (la “vieja” y la “nueva”). Otros, han invertido en Bolsa sin tener ni p. idea,  porque su amigo Pepe les dijo que era una oportunidad. … …
2.- Decide tú. No el del banco.
            Hoy me estoy alargando demasiado y prefiero continuar en otra entrada analizando y describiendo más detalladamente, algunas de esas variadas posibilidades de colocación de nuestros ahorros.

miércoles, 9 de marzo de 2011

CAJAS QUE SE TRANSFORMAN EN BANCOS


            En el post anterior vimos las diferencias jurídicas entre bancos y cajas de ahorro y los efectos prácticos a la hora de capitalizarse para normalizar situaciones complicadas, como las que se están dando en algunas cajas de ahorro.
            Las cajas de ahorro comenzaron, a partir de la 1979, a expandirse geográficamente y a diversificar su negocio, compitiendo directamente con los bancos en todas las áreas. Todo fue bastante bien para las cajas. Les restaron a los bancos cuota de mercado, sobre todo en el mundo de las Pymes, y ya no fueron solo el “banco de los pobres”. Su base de  clientes particulares se amplió también a partir de entonces, con profesionales liberales y asalariados de clases medias y altas. Su diferencia con los bancos, en cuanto al tipo de clientela, desapareció. De mostrador hacia fuera eran un banco más, pero de mostrador hacia dentro seguían sin ser una sociedad anónima y no podían ampliar capital social. Tampoco importaba. La economía estaba creciendo y el negocio financiero iba viento en popa, aunque el patrón de alguno de los barcos fuera un inútil. En este punto me gustaría recordar al lector que “Las cajas de ahorros nacen como Fundaciones de naturaleza privada o pública, con una finalidad eminentemente social”. Los dirigentes de más de una caja de ahorros olvidaron esa finalidad social y fomentaron negocios financieros impropios de esa finalidad.  Tanto han insistido en ello, que cuando han venido las vacas flacas, se han despertado (tarde) de ese sueño de grandeza bancaria en el que estaban sumidos. Ahora hay que arreglar el desaguisado y capitalizar estas entidades. A mi juicio la única manera de hacerlo es convirtiendo las actuales cajas en bancos. El proceso será directo o indirecto, pero al final el resultado, según yo lo veo, será acabar en un banco.
            Este cambio está generando algunas inquietudes entre algunos clientes de cajas de ahorros. ¿Y ahora qué va a pasar con mis ahorros, con mis cuentas, con mis depósitos de valores, etc. etc.?. Pues nada. Todo va a seguir igual para Vd. Sr. Cliente. Su cuenta corriente o su libreta de ahorros seguirán  funcionando como hasta ahora, su depósito a plazo tendrá el mismo interés que Vd. contrató hasta que venza, su tarjeta de crédito el mismo límite contratado y las mismas comisiones, y así, uno por uno todos los productos que Vd. hubiera contratado con esa caja de ahorros que ahora se va a transformar en banco. Esa caja de la que hoy es Vd. Cliente, va a traspasar todos los contratos de sus clientes al nuevo banco que se crea. A medida que el proceso de reconversión avance, primero cambiará el nombre de la entidad y más tarde le cambiarán su talonario de cheques y su libreta, por otros con la  denominación del nuevo banco. Lo mismo pasará con sus tarjetas de crédito y débito, que seguirán funcionando perfectamente hasta que se las cambien por otras nuevas. La hipoteca o ese otro préstamo, que Vd. está pagando ahora a la Caja X, en un momento determinado comenzará a pagarlos al Banco Y. Creo que puede Vd. dormir tranquilo. Desde el punto de vista práctico poco más nos va a afectar como Clientes. No obstante alguien me dirá: ¿y si cierran mi sucursal?; ¿y si Pepe, ese empleado que me atendía siempre, se va, dónde voy a ir y a quién le voy a preguntar?. Esto no lo puedo responder ni resolver yo. Será cada Cliente quien tome las decisiones que más le convengan, bien siguiendo en la nueva sucursal que le asignen para sus cuentas, o simplemente, cambiando de banco.
            Pero todavía no hemos hablado nada de dónde van a venir los dineros para poder capitalizar esas cajas en dificultades y cómo se va a hacer. La cuestión no es baladí, pues estamos hablando de muchos miles de millones de euros.
            A la vista del grave problema que ya estaba  planteado en las entidades de crédito españolas (fundamentalmente cajas de ahorro) como consecuencia de la crisis financiera mundial y el estallido de la “burbuja inmobiliaria” en España, en particular, el Gobierno creó en junio de 2009 (RD. 9/229) el Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria, el FROB. Este organismo tiene por objeto aportar fondos a las cajas y bancos que tengan necesidad de recapitalización. Estos fondos no son gratuitos y tienen que ser devueltos con sus correspondientes intereses (entre 7,75 % y 8,25 %) en los plazos estipulados. Con estas ayudas públicas, las cajas (y los bancos, que alguno habrá) que las obtengan, podrán comenzar a recapitalizarse.
De momento ya hay unas cuantas cajas de ahorro en proceso de fusión  y posteriormente de reconversión en bancos, que cuentan con ayudas importantes del FROB. ¿Cómo se reconvierten en bancos?. Muy sencillo: se crea un nuevo banco y se le traspasa todo o parte del negocio de las cajas de ahorros, fusionadas, “en frío o en caliente” (tanto me da). Ya tenemos en marcha una sociedad anónima que puede, entre otras cosas, buscar socios financieros, ampliar capital social, … , en suma, recapitalizarse igual que un banco, que es lo que ha pasado a ser.
¿Y qué vamos a hacer con  los gestores de las antiguas cajas de ahorro de las que proceden los nuevos bancos?. Esta no es una cuestión que nos afecte como Clientes, pero, en mi opinión, puede ser la mejor ocasión para desalojar de los Consejos de Administración y de los puestos de dirección ejecutiva, a tantos incompetentes (políticos y dóciles dirigentes), como los que han provocado tener que tomar soluciones tan drásticas como las que acabamos de describir. Desde nuestro papel de Clientes, solo nos queda desear los mejores directivos para estos  nuevos bancos, de forma que vuelva el sentido común y la prudencia, que nunca debió perderse, a la hora del estudio y concesión de operaciones de préstamo y crédito.     

viernes, 4 de marzo de 2011

LOS PROVEEDORES: BANCOS Y CAJAS DE AHORRO

             En el negocio financiero hay diferentes tipos de proveedores, pero los fundamentales en el sistema financiero español, son dos: los Bancos y las Cajas de Ahorro. También están las Cooperativas de Crédito, aunque éstas tienen mucha menos importancia cuantitativa en el conjunto del mercado español.
            Todos somos Clientes de un banco o de una caja de ahorros. Pero, nos hemos preguntado alguna vez  ¿qué es un banco o una caja de ahorros?, ¿de quién son?, ¿cómo gestionan y dirigen su negocio?. Voy a tratar de contestar de forma sencilla a estas cuestiones.
            Tanto el banco como la caja se dedican a lo mismo: son unos intermediarios financieros. Toman el dinero que unos clientes depositan en sus cuentas y lo prestan a otros clientes en forma de préstamos. Cuando abro una cuenta en un banco o caja y deposito en ellos mis ahorros, el banco o la caja  es deudor mío: me debe ese dinero que yo le he dejado en depósito. Y dependiendo del contrato de depósito, incluso me deberá pagar un interés. Podríamos decir que yo les alquilo mi dinero por un periodo de tiempo, finalizado el cual me lo tienen que devolver, y además me tienen que pagar la renta convenida por ese alquiler. Del mismo modo, cuando contrato un préstamo, yo seré el deudor y tendré que devolver ese dinero prestado en el tiempo convenido y pagando el interés estipulado. Ahora es el banco o la caja el que me alquila a mí el dinero, y yo tengo que devolverlo y pagar una renta. Esa es la actividad principal que mueve la mayor parte de su negocio, pero no la única. En próximas entradas, analizaremos muchas de esas actividades. Entonces, si tanto los bancos como las cajas hacen el mismo negocio, ¿en qué se diferencian y a qué viene tanto “ruido” en el mundo de las cajas?.
            La diferencia sustancial entre bancos y cajas reside en quién es el propietario de un banco o de una caja. Un banco es una Sociedad Anónima, tiene un Capital Social  del que son socios (propietarios) todos los accionistas de ese banco. Jurídicamente, el banco como cualquier sociedad anónima, se rige por la Ley de Sociedades Anónimas. Una caja de ahorros no es una sociedad anónima; no tiene un capital social como los bancos. Las cajas de ahorros nacen como Fundaciones de naturaleza privada o pública, con una finalidad eminentemente social. No tienen accionistas; no tienen propietarios. En el origen de cada caja de ahorros, hay un capital fundacional, aportado bien por un grupo de particulares o por alguna institución pública, fundamentalmente ayuntamientos y diputaciones.
            Como puede apreciarse fácilmente, la diferencia, y muy importante, es “de mostrador hacia dentro”. De mostrador hacia fuera, el Cliente encuentra hoy los mismos productos en los bancos y en las cajas. Esto no ha sido así siempre. De hecho, hasta la llamada “Ley Fuentes Quintana” (1977), las cajas tenían prohibidas las operaciones de descuento de papel comercial y de financiación en divisas, entre otras. Podríamos decir que, desde un punto de vista práctico, las cajas eran “los bancos de las familias de clases medias y bajas” y las que daban hipotecas, y los bancos eran “los bancos de los ricos y de las empresas”. Como dato curioso, en ese tiempo era rarísimo que alguien tuviera en una caja de ahorros una cuenta corriente con su talonario de cheques. La gente tenía su libreta de ahorros. La cuenta corriente era “cosa de ricos y de empresarios”.
            Esas diferencias de las cajas, de mostrador hacia dentro, tienen importantes implicaciones a la hora de dirigir estas entidades y a la hora de abastecerse de materia prima (fondos financieros) para desarrollar su actividad.
Los bancos, al ser sociedades anónimas, además de contar con los depósitos de unos clientes para hacer préstamos a otros clientes, cuentan con sus recursos propios, fundamentalmente su capital social y las reservas acumuladas. El origen de esos fondos, que contablemente les llamamos Pasivo, es doble: sus recursos propios (Capital y Reservas) más los recursos ajenos (Depósitos de los Clientes). Si tienen necesidad de más recursos, pueden acudir a la ampliación de su capital social. Esta circunstancia no se da en las cajas.
Las cajas, al no ser sociedades anónimas y no tener capital social, solamente cuentan con los recursos ajenos (Depósitos de Clientes) y las Reservas que hayan ido generando año tras año, para hacer préstamos a otros clientes. Si tienen necesidad de más recursos, no pueden hacer ampliaciones de capital. Esta es la gran limitación con la que tropiezan en estos momentos de dificultades, para cubrir sus actuales necesidades de recapitalización. Y este es uno de los motivos fundamentales del actual proceso de fusiones de cajas y de su posterior conversión en bancos. Las circunstancias y la gestión que hayan motivado esta situación es otra historia.
Hemos analizado cómo y de dónde los bancos y las cajas obtienen sus recursos, con los que luego harán su negocio principal: prestar dinero. Solo nos queda contestar a la última de las cuestiones planteadas hoy: la gestión del negocio.
Los bancos, al ser sociedades anónimas, cuentan con una Junta General de Accionistas, un Consejo de Administración en el que el Presidente y el Consejero Delegado juegan un papel fundamental en las decisiones y en la gestión del negocio del banco, y un equipo directivo seleccionado según los criterios de ese consejo de administración. Es bastante normal que en los consejos de administración de los bancos esté representado un porcentaje importante del capital social del banco.
Las cajas son un mundo aparte en cuanto a sus órganos gestores. En vez de junta general de accionistas, se constituye la Asamblea General, en la que están representados los Clientes, las Administraciones Públicas (Comunidades Autónomas y Ayuntamientos) y los Empleados. Esta Asamblea nombra al Consejo de Administración y a la Comisión de Control, que son los máximos organismos de gestión de una caja de ahorros. Será el consejo de administración el que nombre al Presidente Ejecutivo y al equipo directivo que lleve a cabo la gestión del negocio de la caja.

Estoy seguro que a partir de aquí, a más de un lector se le abrirán un montón de interrogantes, sobre todo como consecuencia de los últimos acontecimientos suscitados en el mundo de las cajas de ahorros y su casi segura transformación en bancos en un plazo más o menos cercano.
Por hoy no quiero alargarme más, que ya es bastante. En mi próximo artículo daré mi opinión sobre cómo puede afectar a los Clientes de las cajas, su transformación en bancos.